
(Este texto fue publicado en un portal inglés el 8 de marzo de 2003, dos semanas antes de la invasión a Iraq...y aquel mismo mes fue el artículo más difundido sobre la guerra, con unos quinientos millones de lectores.)
Gracias, gran líder George W. Bush.
Gracias por mostrar a todo el mundo el peligro que Saddam Hussein representa. Era posible que muchos de nosotros hubiésemos olvidado que empleó armas químicas contra su propio pueblo, contra los kurdos, y contra los iraníes. Hussein es un dictador sanguinario, una de las más claras manifestaciones del mal en nuestros días.
Sin embargo, esa no es la única razón por la que le estoy dando las gracias. Durante los dos primeros meses de 2003, usted logró mostrar muchas cosas importantes al mundo. Por eso, recordando un poema que aprendí en mi infancia, quiero decirle: gracias.
Gracias por revelar al mundo el gigantesco abismo que media entre las decisiones de los gobernantes y los deseos del pueblo. Por dejar claro que tanto José María Aznar como Tony Blair no dan ninguna importancia y no les guardan el más mínimo respeto a los votos que recibieron. Aznar consigue ignorar que el 90% de los españoles se opone a esta guerra, y Blair no le da importancia a la mayor manifestación pública que ha habido en Inglaterra en los últimos treinta años.
Gracias, porque su perseverancia forzó a Blair a presentarse ante el Parlamento con un dossier falsificado, escrito por un estudiante hace diez años, y a mostrarlo como “pruebas contundentes obtenidas por los servicios secretos británicos”.
Gracias porque, como consecuencia de sus esfuerzos por impulsar la guerra, por primera vez las naciones árabes, generalmente divididas, fueron unánimes condenando una invasión, durante el encuentro de El Cairo.
Gracias porque, debido a su retórica afirmando que “la ONU tiene una oportunidad de mostrar su relevancia”, incluso los países más descreídos acabaron adoptando una posición contraria al ataque.
Gracias por intentar dividir a una Europa que lucha por su unificación; eso servirá como una alerta que no será ignorada.
Gracias por haber logrado lo que pocos han conseguido en este siglo: unir a millones de personas, en todos los continentes, luchando por la misma idea, aunque esa idea sea la opuesta a la que usted sostiene.
Gracias porque, sin usted, no habríamos conocido nuestra capacidad de movilización. Tal vez no nos sirva para nada en el presente, pero nos será útil más adelante. Ahora que los tambores de guerra parecen sonar de manera irreversible, quiero hacer mías las palabras que un antiguo rey europeo dirigió a un invasor: “Que tu mañana sea hermosa, y que el sol brille en las armaduras de tus soldados, porque esta misma tarde yo te derrotaré”.
Por lo tanto, aproveche su mañana y lo que ésta aún puede traerle de gloria.
Gracias por no escucharnos ni tomarnos en serio. Pero ha de saber que nosotros sí lo escuchamos y no olvidaremos sus palabras.
Gracias, gran líder George W. Bush
Muchas gracias.
Fuentes:
Ser como el río que fluye; Paulo Coelho
